Nos enteramos cuando solo era un bulto en su pierna. Se lo extirparon y, sinceramente, pensamos que era el final. Luego, en diciembre de 2009, nos enteramos de que solo le quedaban unos meses de vida.
Durante los primeros dos meses de sus últimos seis años, los pasó en Texas en el MD Anderson, esperando y confiando en el Señor que se encontraría una cura.
Regresó a casa en febrero, donde vivió hasta que se fue a casa con el Señor y yo la cuidé todos los días con mi papá. Esos son momentos muy especiales para mí. Me senté con ella en sus días buenos y nos reímos, vimos programas tontos de jueces, programas de concursos y hablamos de días pasados. En sus días malos, me senté y le tomé las manos, le froté los pies, oré y simplemente la observé. Fueron los días más difíciles y especiales de mi vida.
Ella perdió su batalla contra esta horrible enfermedad en julio, pero ahora está completa nuevamente.
El cielo con mi hijo, su mamá, su papá, su suegro y muchos otros seres queridos. No puedo esperar a volver a verla pronto.
Aunque mi vida aquí nunca será la misma y mi corazón siempre estará parcialmente perdido, me aferro al hecho de que ella está completa nuevamente y no está enferma ni con dolor y se regocija en el cielo.
Te amo mucho, mamá, y no pasa un día sin que te extrañe como loca. Estoy aprendiendo a vivir sin ti, pero no es fácil y NUNCA te olvidaré. TE AMO más de lo que jamás podrías imaginar.
Con mucho cariño,
Tu hija
Julie


